viernes, 7 de septiembre de 2012


Revista de Trafalgar

Sebastián Pinzón Grado 9b

Contenido

¿Por Donde Inicio?..................................................................... 2
Mientras tanto, las crisis y consecuencias…………………   3




¿Por Donde Inicio?
Muy rápidamente, miro la Introducción a la batalla de Trafalgar Benito Pérez Galdós; en esta obra escrita en 1873 narra la batalla naval que enfrentó, en el contexto de las llamadas Guerras Napoleónicas, a una fuerza británica contra una flota hispano francesa, el 21 de octubre de 1805, en el “cabo de Trafalgar” (situado en la actual provincia española de Cádiz). Con la victoria final de los británicos, se revalidó de manera definitiva la superioridad británica en los mares, comenzó la decadencia de la Marina de guerra española y se desbarató el plan del emperador Napoleón I Bonaparte de invadir Gran Bretaña.
¿Pero, que causas hicieron que esta Batalla tuviera Lugar? Napoleón idea un plan para invadir Inglaterra; se basaba en mandar una escuadra franco-española a las Indias Occidentales y cuando los ingleses envíen sus fuerzas navales allí, la escuadra debía volver inmediatamente para unirse con otros barcos del Ferrol, Rochefort y Brest y dirigirse al Canal de la Mancha, donde controlará el desembarco en Inglaterra de 160.000 hombres en 2.000 buques de transporte. 
La primera fase de la misión se cumple, no obstante el 31 de Mayo, Napoleón toma el islote del Diamante y el 8 de Junio capturan un convoy inglés a la altura de Antigua. Gracias a esta captura Villeneuve se entera que Nelson llegó el 4 a la isla de Barbada, y decide regresar a Europa. La escuadra franco-española se encuentra con Sir Robert Calder y parte de la Flota del Canal, que estaba a la espera de la escuadra. Se producirá la Batalla de Trafalgar.
La victoria sobre el combinado franco-español permitió a Inglaterra tener la supremacía naval en los siguientes 100 años. Napoleón no consiguió volver a tener una escuadra capaz de asegurar un desembarco en Inglaterra y su objetivo jamás se realizaría.
 España no perdió su armada aquí, sólo perdió 10 navíos que quedaron contrarrestados con los 6 navíos que se capturó a Francia en el inicio de la guerra de la Independencia. Pero para poder dotar a todos los barcos que participaron en el combate se tuvieron que utilizar los fondos de amortización, un tanto sobre las fincas pertenecientes a la iglesia concedida al Rey por el Papa, un empréstito de cien millones de reales en acciones (transmisibles por endoso), y el producto de algunas contribuciones nuevas. Además no se recibían caudales de América por el cerco inglés. Sin dinero se empezó a desguazar barcos para poder equipar a otros, e incluso para leña.



Mientras tanto, las crisis y consecuencias

Si bien se sabe, todos los conflictos dejan consecuencias, y esta Batalla no fue la excepción. Desde un punto de vista político, es fácil deducir un comportamiento derivado de ese devenir histórico que acabamos de ver. De esta forma, España se veía forzada habitualmente a aliarse con Francia para contrarrestar la influencia británica y defender sus intereses coloniales. Para ello se sucedieron varios pactos de familia entre ambas monarquías para sostenerse mutuamente frente a la acción inglesa. Hubo luces y sombras y la eficacia de dichos pactos fue más que dudosa. Pero cuando se produce la Revolución francesa y seguidamente Napoleón acaba ostentando el poder en una convulsa Francia de finales del XVIII, España debe decidir en esa etapa que política seguir con ambas potencias porque el aliado tradicional francés es ahora hostil a la monarquía. España tras una primera alianza con Inglaterra para hacer frente a los revolucionarios republicanos, se ve forzada por la presión de la Francia revolucionaria (y más cuando Napoleón se hace con el poder) a hacer equilibrios en política exterior procurando mantenerse neutral en medio de una gran inestabilidad internacional y de conflicto de intereses. La concreción de esto fue la alianza contra natura entre la monarquía hispana de Carlos IV y la Francia revolucionaria, a partir del Tratado de San Ildefonso en 1796.

 Inglaterra era fuerte en la mar e inaccesible por tierra. Francia era una fuerte potencia continental con un disciplinado y muy numeroso ejército. Cuando Napoleón expande su imperio mediante conquistas por tierra, obliga prácticamente a España a posicionarse y convertirse en su aliada para evitar ésta sufrir un probable agresión terrestre. Napoleón además era consciente de que necesitaba la flota española para que sumada a la francesa contrarrestaran en número a la armada inglesa (en calidad era otra cuestión…). Pero a la vez, aliarse con Francia suponía ser hostil a Inglaterra pues la guerra entre ambas obligaba al resto de países a tomar partido de un lado o de otro, según sus circunstancias. Por todo ello, Inglaterra (que también pugnaba con España pues no olvidemos que ésta también era un poderoso rival en los mercados coloniales) buscaba  la entrada “oficial” de España en la guerra y la provocaba descaradamente y con alevosía recurriendo a agresiones marítimas injustificadas al no haber guerra de por medio y esgrimiendo claros falsos pretextos. España oficialmente era ‘neutral’ pero debía pagar en metálico periódicamente a Francia para mantener esta situación. Al final la perfidia inglesa acabó con la paciencia española cuando el 5 de octubre de 1804 frente al cabo de Santa María apresa a traición cuatro fragatas españolas que traían pasajes civiles y caudales de América con muy trágico desenlace para el lado español, que no comentaremos para “no cargar las tintas”. El 12 de diciembre de ese año, España se veía obligada a entrar en guerra al lado de Francia contra Inglaterra. Y el 5 de enero de 1805, una nueva alianza ponía la flota española al servicio de Napoleón. A partir de ahí se puede evaluar si la situación política podría haber sido otra o llevada de otra manera desde España pero quedan ya establecidos los bandos contendientes en Trafalgar: Inglaterra contra Francia, con España como aliada en la mar.



Ahora podre deducir los culturales y sociales que se reflejaban en el ánimo y motivación puesta en juego ante una batalla naval. La sociedad inglesa veía amenazante a Napoleón al otro lado del Canal de la Mancha, temiendo ser invadida y sometida y ello se tradujo en un fuerte animosidad contra todo lo francés y para ellos, encima republicano. La buena situación económica favoreció unas buenas expectativas a marineros y oficiales y cimentó la ventaja cualitativa de Inglaterra en la mar frente al resto de potencias europeas. Francia por su parte aún gozaba de la inercia revolucionaria y disfrutaba de las amplias conquistas de Napoleón en el continente, lo que le otorgaba una posición de liderazgo y superioridad sin rival en tierra en Europa; aunque con Inglaterra “enfrente”. Sin embargo, el impulso del Ejército para las campañas terrestres y que Napoleón era un general y no un almirante, contribuyó a un papel secundario de la Marina gala que redujo su efectividad en comparación con épocas pasadas. En Trafalgar, los franceses, también limitados en medios materiales y adiestramiento, lucharon muy bien y con gran fervor patriótico impulsados por esa motivación revolucionaria. Los oficiales franceses en su mayor parte alimentaban ese entusiasmo porque ellos venían desde abajo y no por posición privilegiada; ello consecuencia de la reestructuración de la Marina francesa tras la Revolución. Y España, de nuevo, infunde cierta lástima por ver el estado en que se hallaba su Marina, reflejo de penurias económicas agudas y de una sociedad cansada de la guerra y con escasa motivación para luchar cuando vivía sumida en fuertes crisis económicas y bajo la gestión de ineficaces gobernantes en su mayoría. Además había antipatía a los franceses y no estaba claro qué se podía ganar en esa guerra. España era vasalla de Napoleón y su flota era la moneda de cambio. El resultado en Trafalgar aparte del ya comentado estado de los barcos y de la excepción de la oficialidad, era una marinería y tropa forzosa, sin experiencia (gran porcentaje de presidiarios y campesinos de leva ineludible, incluso recurriendo a soldados del ejército), falta de adiestramiento y sin motivación. Y es que, a lo largo de la historia, la escasez de marinería cualificada ha sido un mal endémico de la Armada… Afortunadamente hay que decir que en Trafalgar, lucharon muy por encima de sus posibilidades gracias al ejemplo y carisma que les infundieron sus excelentes mandos (de hecho, por lo general, los buques se rendían cuando fallecía su comandante), la disciplina y que: ¡estaba en juego su propio pellejo!

Otro elemento a considerar aquí es como se gestionaba el mando en las escuadras. En Inglaterra se promovía una mayor libertad en la toma de decisiones y favorecía la iniciativa e innovación de los mandos y capitanes. En España y Francia en cambio, seguía habiendo una gran rigidez en la cadena de mando, basándose en fuerte disciplina y órdenes y esquemas más bien ya anticuados para la época. Ello indirectamente también mostraba la diferente organización de las sociedades contendientes.

FIN

Trabajo de Español; Trafalgar, de Benito Perez
Hecho por; Sebastián Pinzón DE Noveno B